Orizaba, Ver.- Aun y cuando el río Blanco, ocupa el cuarto lugar a nivel nacional y el segundo en el estado como el más contaminado, son pocas o nulas las acciones que desde los gobiernos locales o el estatal se realizan para cambiar esta situación, lamentó el presidente del Consejo Intermunicipal de Ambientalistas (CIMA) Graciano Illescas Téllez.
El también coordinador estatal de la Iniciativa Ciudadana Ambiental Veracruz (ICAV), detalló que el río Blanco aún capta aguas residuales orgánicas de zonas serranas y aguas residuales industriales en tramos no conectados a Firiob, principalmente en su parte alta, mientras que en las partes media y baja, hasta su llegada a la laguna de Alvarado, antes de verterse al Golfo de México, recibe aguas industriales y derrames de fertilizantes químicos, producto de los ingenios e industrias de todo tipo que afectan tierras de cultivo, pesquerías.
Expuso que la laguna María Lizamba en Tierra Blanca, es otro de los afluentes que han sido seriamente afectados por la contaminación y en donde no se hace nada para controlarlo.
Por ello dijo es importante intensificar acciones entre gobierno, iniciativa privada y sociedad, pero también promover a personas más comprometidas a cargos de toma de decisión en el sector ambiental, en Conagua y en la CAEV, para evitar mayores daños al ambiente sino también a la salud humana.
Recordó que el agua contaminada es capaz de provocar enfermedades que van desde una simple diarrea, hasta cólera, disentería, fiebre tifoidea, paludismo, gastroenteritis, esquistosomiasis y poliomielitis, sin descartar algunos tipos de cáncer si el agua lleva metales pesados, los cuales son bio-acumulables.
El ambientalista dijo que cada autoridad debe aplicar acciones concretas, en primer término, es importante impedir la pérdida de vegetación en las riberas de los ríos donde aún existe, y reforestar franjas de más de 15 metros con especies nativas en alta densidad en donde la vegetación ribereña se ha perdido.
Resaltó la importancia del establecimiento de una gran cantidad de proyectos pequeños, de sencilla instalación y bajo costo, destacadamente biodigestores, así como biofiltros o estanques tipo wetland que funcionan con plantas acuáticas que absorben y descomponen sustancias tóxicas.
“Éstas ecotecnias, debieran ser implementadas por los Ayuntamientos con el apoyo de los gobiernos federal y estatal, sobre todo en comunidades rurales, pues se requieren coordinación y capacitación técnicas. Por otra parte, sin duda, los nuevos fraccionamientos deben cumplir con la construcción y operación de sus propias plantas de tratamiento”.

