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Orizaba
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    Sirenas que lloran: Orizaba despide al comandante Manuel Jiménez Cadenas

    Orizaba, Ver.— Las sirenas no llamaron esta vez a una emergencia. Sonaron distinto, largas y profundas, como si la ciudad misma lamentara la partida de quien durante décadas respondió a cada auxilio sin titubeos. Así inició el último recorrido del comandante Manuel Jiménez Cadenas, pilar de la Estación 119 de Bomberos de Orizaba.

    El cortejo fúnebre partió desde la funeraria, ubicada en Oriente 6 casi esquina Sur 11.

    El féretro, cubierto de flores y respeto, comenzó a avanzar por la arteria principal de la ciudad. A su paso, miradas detenidas, manos al pecho y aplausos espontáneos acompañaron el trayecto que siguió hasta Sur 21, para luego incorporarse a Oriente 4 rumbo al Santuario Diocesano de Santa María de Guadalupe “La Concordia”.

    Ahí, durante la misa de exequias, el sacerdote llamó a no quedarse con la tristeza, sino con el ejemplo. “Quédense con sus buenas obras, con su vocación de servicio”, expresó, recordando a un hombre que, incluso con carencias, sostuvo una corporación que atendía emergencias en varios municipios con apenas una docena de elementos

    Al término de la eucaristía, la escena se transformó en un homenaje vivo. Bomberos de Orizaba, Córdoba, Fortín, Zongolica y de la región de las Altas Montañas, así como personal de Protección Civil, Cruz Roja y grupos de rescate, formaron una valla de honor. Más de 20 unidades de emergencia encendieron torretas; las luces rojas y azules marcaron el paso del comandante en su último servicio.Su féretro fue colocado sobre la unidad 0074, una máquina que conoció y comandó en innumerables ocasiones. Lo que siguió no fue solo un traslado: fue una caravana de respeto.

    Las sirenas, convertidas en lamento, acompañaron el recorrido a marcha lenta hasta la Estación 119.En su casa, donde forjó generaciones de bomberos, lo esperaban sus elementos.

    Algunos con el rostro firme, otros incapaces de contener las lágrimas. Junto al féretro, su casco, su fotografía y la bandera nacional custodiaron el homenaje de cuerpo presente.Comandantes de distintas corporaciones lo recordaron como un líder incansable, un formador, un hombre que sabía arrancar sonrisas incluso en medio del peligro.

    “Nos enseñó a servir, a no rendirnos”, coincidieron.El último pase de lista rompió el silencio.—Manuel Jiménez Cadenas—“¡Presente! ¡Presente! ¡Presente!”, respondieron al unísono, como si con ello se negara su ausencia.Finalmente, el cortejo partió hacia el panteón municipal “Juan de la Luz Enríquez”. Ahí, entre aplausos, sirenas y un profundo respeto, Orizaba despidió a su comandante.Se fue quien atendía el llamado del fuego, pero dejó encendida una vocación que hoy arde en cada uno de sus elementos. Su legado no se apaga.

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